El cáncer de testículo


El cáncer de testículo es una enfermedad que afecta las células de uno o los dos testículos (volviéndose cancerosas). Existen dos tipos de cáncer de testículo diferente, el seminoma y el no seminoma. La edad en la que suele aparecer este cáncer suele estar comprendida entre los 20 y los 39 años. Esta enfermedad puede darse en personas que hayan tenido un desarrollo de los testículos de tipo anormal, quienes hayan tenido el problema de al menos uno de los dos testículos descendidos o pacientes en cuya familia se cuenten casos de este tipo de cáncer.


Cuáles son los síntomas

Los primeros síntomas por los que los pacientes pueden reconocer esta enfermedad incluyen dolor testicular, la aparición de nódulos e inflamación en uno o los dos testículos (también pueden haber molestias en la zona inguinal). Si son detectados a tiempo la mayor parte de los casos de cáncer de testículo tienen muy buen pronóstico.

Los casos de testículos sin descender (lo que se conoce con el nombre médico de criptorquidia) suelen producirse antes del nacimiento. Los riesgos de desarrollar un cáncer de testículos son los mismos incluso después de haber realizado una intervención quirúrgica para reubicar el testículo en su lugar. Algunos casos de anormalidad congénita en pene, testículos o riñones también pueden elevar los riesgos de sufrir este tipo de cáncer. Por otra parte, aquellos pacientes que hayan sufrido un cáncer de testículos anteriormente pueden sufrir las consecuencias de otro más adelante.

 

El diagnóstico

Para efectuar un diagnóstico de cáncer de testículo se puede recurrir a distintos medios. Las pruebas más extendidas en la actualidad incluyen los análisis de sangre, las ecografías y las biopsias. En un análisis de sangre se pueden medir los niveles de marcadores para ciertos tumores. En el caso del cáncer de testículos los especialistas irán en busca de los marcadores AFP, βHCG y LDH. Con la ecografía se puede obtener una imagen detallada de la zona testicular (imagen conocida como sonograma) que evidencia cualquier bulto o masa en la parte interna del escroto (la bolsa de piel que contiene a los testículos). Finalmente, la biopsia es un examen de tipo microscópico que puede incluir la extracción del testículo afectado (en los casos en los que se confirma la presencia de la enfermedad).

 

Tratamientos del cáncer de testículos

Los pronósticos para tratar esta enfermedad son cada vez más favorables. Actualmente se estima que el 95% de los casos que se producen a nivel mundial son curables. Cuanto antes se detecte esta enfermedad, además, mejores serán los pronósticos (se puede recurrir a tratamientos menos agresivos con unos pocos efectos secundarios).

Los tres tipos de tratamientos que se usan en casos de cáncer de testículos incluyen la cirugía, la radioterapia y la quimioterapia. La cirugía es el método clásico, que incluye la extracción del testículo afectado (operación conocida como orquiectomía inguinal radical). Hay que destacar que esta intervención no disminuye la potencia sexual (función eréctil) y la fertilidad (se mantiene la capacidad para procrear).

La radioterapia es un sistema que utiliza rayos de aplicación local para destruir directamente a las células cancerosas y reducir el tamaño de los tumores. Este tratamiento puede disminuir la producción de espermatozoides de forma temporal (por uno o dos años). La quimioterapia, finalmente, incluye el uso de fármacos para destruir células cancerosas en el tejido de los testículos. En el caso del cáncer de testículos suele ser utilizada como terapia complementaria (para eliminar restos que no desaparecen con otras terapias).

 

Fuente: http://www.cancer.gov/espanol/tipos/hojas-informativas/testiculo-respuestas

                http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/testicularcancer.html

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